Esta es una pregunta que constantemente se hacen muchos cristianos hoy en día. A veces en voz alta a sus pastores, a veces como una confesión, o a veces como una duda que no se atreven a expresar. En parte por el temor de exponer lo que están casi seguros que es pecado, y en parte porque no quieren llegar a la conclusión de que deben abandonar esa adicción. Si bien la biblia no nos proporciona un versículo concreto al respecto, sí que habla con suficiente claridad del tema y, en este artículo vamos a intentar ordenar algunos principios e ideas al respecto.

El Pastor Tim Challies escribió: Me parece que es difícil mantener un argumento bíblico consistente que concluya que fumar es siempre y siempre un pecado. Creo que es difícil atar la conciencia de otra persona sin recurrir a algún tipo de inconsistencia o legalismo.

Estoy de acuerdo con esta afirmación. No creo que podamos encontrar un argumento bíblico consistente para decir que una persona sana que fume un solo cigarrillo está cometiendo un pecado. Sin embargo, el tema del tabaco es mucho más profundo que esto. Porque la situación que acabamos de describir, es prácticamente surrealista. La realidad es que el tabaco crea una gran adiccioń, y que la persona consumidora es adicta a un cierto número de cigarros diarios. ¿Podemos decir que sigue sin ser pecado?

 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 6:12, 19-20)

 Este versículo es clave para entender cómo debe el cristiano pensar respecto del tabaco:

  1. DESECHAR LO QUE NO CONVIENE

Al respecto, el pastor John Piper dice: Creo que es un pecado fumar, en general, a causa de los estudios científicos que hoy se conocen. Quizás en otros tiempos, cuando no sabíamos lo suficiente, no habría sido un pecado. Pero ahora nosotros estamos informados de lo destructivo que es, vemos sus efectos letales claramente impresos en el costado del envase, y me parece realmente muy extraño que los cristianos no lo asuman. Fumar cigarrillos habitualmente parece decir: «La vida no me importa tanto como mis placeres.» Y el hecho que fumar es altamente adictivo debería también alentar a los cristianos a mantenerse a distancia.

El texto es claro: si no nos conviene, debemos desecharlo. En este punto, todos estaríamos de acuerdo en que para aquellas personas que tienen problemas respiratorios, circulatorios, cardíacos… es un pecado claro y evidente perjudicar su propio cuerpo y despreciar así su vida por consumir tabaco.

Pero muy probablemente, algunos estén pensando: bueno, pero consumimos muchas cosas que no nos convienen. ¿Por qué es más pecado fumar que comer o beber en exceso o cosas que no convienen? ¿Qué pasa con el diabético que come alimentos con azúcar sabiendo que le es perjudicial, no está también consumiendo lo que no conviene? Y es cierto. Comer chocolate no es pecado, evidentemente. Pero si tu consumo de chocolate es excesivo de forma que llega a ser perjudicial para tu salud o si no deberías comerlo debido a tu estado concreto de salud, entonces es igual de pecaminoso que el consumo regular de tabaco. El exceso en la comida o en la bebida, sea por cantidad o por nocividad, es igualmente pecaminoso.

Pero eso no es una excusa para el fumador, todo lo contrario. ¿O acaso el mentiroso puede justificar su pecado porque su vecino es orgulloso? En cuanto al tabaco, es tiempo de mirar la viga en nuestro ojo, no la paja en el ajeno.

  1. DESECHAR LO QUE NOS DOMINA

Uno de los problemas de las adicciones es que el adicto no se siente dominado por ellas en muchas ocasiones. Pero el tabaco, como adicción, condiciona nuestra salud, nuestra economía (que también es un don de Dios para administrar de forma que le glorifiquemos), nuestras relaciones…

Considera esto: es muy inusual que un padre o madre fumador quiera que sus hijos fumen. De hecho, muchos de ellos, les prohíben a sus hijos fumar. Pero siguen fumando ellos mismos. Su adicción es superior al deseo de dar un buen ejemplo a sus hijos. En ocasiones, incluso fuman en compañía de sus hijos, por lo que los efectos perjudiciales del tabaco también les afecta. Así que, les prohíben algo que ellos mismos les ocasionan. No se trata de que sean, per se, padres hipócritas. Están atados por un vicio que les domina.

La buena noticia, es que ya no somos esclavos de nada, ni de nadie, salvo de Cristo, de quienes somos esclavos voluntarios por amor, como veremos al final de este artículo.

  1. NO SOIS VUESTROS

Aunque seas una persona sana, los efectos adversos del tabaco para nuestro cuerpo son evidentes. Hoy en día nos encontramos con la incoherencia de que médicos, pedagogos e incluso gobiernos, están tomando medidas en contra del tabaco porque sus efectos nocivos en las generaciones pasadas han sido desastrosos, y para reducir el impacto en las siguientes generaciones. Cuánto más los cristianos.

No podemos vivir nuestras vidas solo para nosotros. Tenemos el llamado de ser luz y sal a los que nos rodean y a las siguientes generaciones. Así que, más que médicos, educadores e instituciones, los hijos de Dios debemos ser un testimonio vivo de cómo conducirnos en esta vida sobria, justa y piadosamente (Tito 2:12), lo cual incluye cómo tratamos el cuerpo que Dios nos dio.

  1. GLORIFICAD A DIOS CON VUESTROS CUERPOS

Aunque los anteriores argumentos son suficientes para que el cristiano se aleje de forma radical de este vicio, este último apartado es el que debería centrar mucho más nuestra atención.

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios. (1 Corintios 10:31-32)

Como discípulos de Jesús, tenemos el supremo llamamiento de glorificar a Dios con todo lo que somos y lo que hacemos. Y es imposible argumentar que glorificas a Dios fumando. Esto es lo que zanja la cuestión sobre la pecaminosidad del consumo habitual del tabaco. Pero nos introduce otra cuestión: ¿cuál es la raíz de este pecado?

Todos los vicios, sea fumar, el consumo de drogas, un consumo excesivo de alcohol, de comida, de redes sociales, el amor al dinero, el sexo, la pornografía… tienen una raíz común: la idolatría.

“¿Qué es un ídolo? Es algo que es más importante para usted que Dios, cualquier cosa que cautive su corazón y su imaginación más que Dios, cualquier cosa que espere que le proporcione lo que solamente Dios puede darle” (Tim Keller, dioses que fallan)

¿Qué buscas conseguir cuando fumas, destruir tu cuerpo? No, claro que no. Buscas un ratito de paz y tranquilidad, sosegarte cuando estás nervioso, disfrutar cuando estás contento, sentirte saciado… todo eso que deberías estar buscando en Dios.

Efectivamente, si tras leer los apartados anteriores, haber visto los perjuicios claros del consumo de tabaco, la desaprobación de Dios al respecto, la ofensa al Espíritu Santo, aún así, el cristiano persiste en su consumo de tabaco, es porque ese vicio es más importante en su vida que Dios mismo. Es su dios. Agradar a Dios está en segundo lugar en su vida. En ese área de su vida, Jesús no está siendo su Señor, sino que su opinión es secundaria. Mi propio placer es más importante.

  1. COMO VENCERLO

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. (Romanos 6:16-18)

 La lucha contra todo vicio es ardua, especialmente en aquellos casos en que el vicio ha sido parte de la vida durante muchos años. ¿Cómo vencerlo?  La vida en el Espíritu, su poder en nuestras vidas es real. Nuestra lucha es espiritual, y esta batalla se libra en tu propio corazón. Afecta a tu cuerpo, pero es una lucha por tu adoración y tus afectos. Es una lucha profunda entre doblegar nuestros corazones y nuestras vidas en total sumisión a Dios o mantenernos nosotros al timón de nuestras vidas.

Como nos ha dicho Pablo, la respuesta está en el evangelio. La respuesta es la gracia. Predicate a ti mismo el evangelio todos los días. Recuérdate a ti mismo que ya no eres esclavo del pecado, sino que fuiste hecho libre a través del sacrificio de Cristo en el Calvario. Aférrate a la gracia de Dios y al poder del Espíritu Santo en tu vida, que puede hacer posible lo que para el hombre es imposible. Fija tus ojos en Aquél que la única fuente de todo bien, y el único que puede saciar todo lo que tu corazón necesita, y sáciate en Él.

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